La figura del payaso ha sido empleada habitualmente en
películas de terror como una técnica para causar miedo al espectador.
Así, el cineasta crea una disonancia cognitiva muy efectista, utilizando una
figura comúnmente asociada al entretenimiento y a la diversión como todo lo
contrario: un sádico o un psicópata, sorprendiendo de este modo al público.
También existe un gran consenso entre los
profesionales de la salud mental en que una de las principales causas de la
coulrofobia se debe a las características del maquillaje que emplean los
payasos. Los colores vivos, los ojos y sonrisas exagerados, la nariz roja, son
estímulos chocantes para la mente de un niño, y pueden llegar a causarle miedo,
del mismo modo en que algunos pequeños también temen sentarse en el regazo de Santa
Claus.
El miedo a los payasos, en consecuencia, puede tener
uno de sus orígenes en la desconfianza que genera la cara histriónicamente
maquillada, que no deja vislumbrar la expresión facial.


Generalmente los asociamos a momentos divertidos y entrañables; al puro entretenimiento de cuando éramos niños y disfrutábamos con sus ocurrencias.
Sin embargo, para un pequeño porcentaje de la población, la figura del payaso se asocia a sensaciones negativas y desagradables, hasta el punto de que sienten auténtico pavor.


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